El Tiempo se volvió poema

Camino de Sueños

 

Con la Vida

Postal de Viaje

 

Sonidos en la Luz

Diario Vivir

 

Llévame como un verso Hoja por Hoja

 

Sonidos en la Luz

En los poemas de este libro vuelve el mundo a reverdecer, echan a volar los árboles, los cielos se cargan de soles, se llenan las ventanas de picaflores, tal ángel estaciona sus alas en la estación caminera. El animal de los deseos sale a recorrer la música y la noche. Aquí está todo el aire contenido en el agua, la tierra contenida en el aire, el agua contenida en la piedra, el fuego contenido en una mirada. Cruza un collar de sueños un pájaro en cámara lenta y en contravía, ascienden cataratas de flores en el bosque de cantos, oscuro como un cerrar de ojos, y la poetisa que tiene las llaves del laberinto abre una puerta tras otra con las manos heridas, porque la vida tiene vidrios que cortan. La cicatriz en el rostro de narciso se la hizo con el espejo. Sueño de espejos rotos es el poema, pozo insondable, catalejo para acercar al inválido, salvavidas inflado con aires de Copacabana, círculo absorto.

Jotamario Arbeláez

Poesía de la disolución aparente, pero celebración de la mirada, estos poemas nos ofrecen contenida belleza, conciencia del paso del tiempo y una manera de afirmarnos en la creación que hace posible el canto y le da su poder de afirmación. Aquí la imposibilidad del silencio es la constatación plausible de cómo todo está en movimiento, nos habla de un pasmo fundamental ante el mundo del que el poema debe dar cuenta:
Como la luz que le da su razón de ser a la mirada del asombro, estos sonidos que habitan la luz de los versos de este libro no se detienen nunca. Oír en la luz, inversión de los sentidos que da cuenta de una complejidad que da vida al canto, incomodidad y deseo de salir de nuestra limitada percepción para hacer vivir una expresión que no hable de cómodos logros sino que muestre nuestra fundamental extrañeza en el mundo, son algunos de los poderes que habitan esta poesía, y nos la hacen íntima y la llenan de valor, permitiendo que una memoria de lo no evidente, asordinada, nunca complacida en la estridencia, nos habite y acompañe en el sendero.


Juan Felipe Robledo