El Tiempo se volvió poema

Con la Vida

 

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Diario Vivir

 

Llévame como un verso De Artes y Oficios

 

Camino de Sueños

Hay un árbol que no es roble ni abedul y que no existe en la botánica aunque esté en la tierra; es solo un árbol y, a veces, su contrario. Y hay un pájaro que no es ruiseñor y a veces es el nombre de cuanto no puede volar. Las cosas vivas que pueblan los poemas de Luz Mary Giraldo construyen, sin amueblarla, la distancia entre la mirada y la experiencia. Son los elementos que ofrece la ventana. La poesía donde laten es poesía de todos los días y es lo opuesto de poesía cotidiana. Es, precisamente, poesía de la totalidad de los días; labor que encuentra qué habrá sido cuando el último día se vaya. De hoja en hoja, Luz Mary ha compuesto un nocturno lleno de luz: una modalidad relampagueante de la elegía.

En Camino de los sueños la existencia es cuanto mora lejos. La voz busca saber qué condiciones tiene lo que existe, y encuentra una sola condición: la de su propia
enunciación, siempre en trance de recuperarse; la de su vigilancia, siempre en el instante del comienzo. La memoria busca el recuerdo que no quedó en la memoria, y el poema se desenvuelve en la resistencia a ser descrito o confesado; se despliega como un gesto hacia la vida propia que está siempre más allá, en la anterioridad perdida y la aspiración final, en una tierra que es distinta de sí misma sin ser cielo: en el "lejano preludio del recuerdo", "la ausencia solidaria del olvido", "la cálida nostalgia/ que ya no tiene fábulas/ ni canto".